Desde cualquier perspectiva que se quiera analizar: de nutrición, ambiental, ecológica, de compasión… la respuesta, a esta “simple pregunta”, debería ser determinante para nuestra elección diaria de alimentos y para replantearnos lo que llamamos comida.

Es posible que la persona que elimina los productos de origen animal de su plato, se encuentre de repente haciendo esta pregunta a una contraparte omnívora: ¿Usted come qué? Tal vez el tono de la pregunta sea de sorpresa, tal vez de asombro …o tal vez con sarcasmo  (ninguno de los cuales es correcto aclaro, ni tampoco correcto andar cuestionando los hábitos alimentarios del círculo social).

Pero es que para una persona que trata de averiguar y cuidar hasta el más mínimo detalle de dónde proviene la comida que está a punto de consumir, puede llegar a ser impresionante que el resto del mundo no se plantee más a menudo dicha interrogante.

Es más simple no pensar – dirán algunos -, otros alegarán que por eso las personas VEG podemos llegar a ser un tanto incómodas (y es que sabemos que podemos llegar a serlo), pero ¿quién nos puede culpar por querer comer de forma consciente? ¿quién nos puede culpar por habernos cuestionado en algún punto de nuestra vida “estoy comiendo qué”, y haber tomado la decisión que cambiaría para siempre nuestro mundo y la forma en la que vemos el resto del mundo?

Sí, es una pregunta super sencilla ¿usted come qué?, pero con una connotación super profunda que cuestiona abiertamente cómo estamos alimentando nuestro organismo, cómo estamos cuidando de la madre tierra, y si estamos protegiendo como nos corresponde, a los que algunos llaman, nuestros hermanos menores.

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