Usualmente, una recomendación en nutrición es planifique sus compras.  Eso incluye hacer una lista que guíe las elecciones y ayude a mantenerse dentro de los límites de “lo que sí” y de “lo que mejor no”; por eso además la clásica:  no ir de compras con hambre (la recomendación se explica por sí sola).

Escribo esto con la intención de recordar que si hay alimentos o productos al alcance de la mano, las probabilidades de consumirlos son altas – yo diría un 100%, ¿usted qué opina?  Por eso vengo como una nutri clásica con una recomendación clásica: es mejor evitar comprar cosas que no nos brindan mayor nutrición, para que no estén disponibles durante esos momento donde se nos ‘nubla el juicio’.

Uso la expresión ‘nubla el juicio’ como un eufemismo para toda la variedad de situaciones tipo “tengo pereza no sé qué comer” que se nos presentan y nos llevan a celebrar o tratar de solucionar con comida.  Y aunque el tema del hambre emocional – o en su defecto – las razones no biológicas por las cuales comemos es amplio y fascinante, no es el propósito de este post.  Lo que quiero es facilitar un ejercicio que nos ayude a quitarnos de nuestro propio camino, y no autosabotear nuestros procesos de salud y bienestar.

Así que aquí estoy, tratando de alejarme lo más que pueda de un post cliché, y no dar los tradicionales consejos de “¿qué alimentos no deberían faltar en mi lista de compras?” pero no lo voy a lograr (insertar emoji de preferencia aquí).  Porque si hay algo que nos facilita la vida es tener guías para las actividades rutinarias, como lo es en este caso, la compra de alimentos para asegurar una nutrición adecuada – claro está.

Lo primero que debo decir es, que el lugar por excelencia para realizar las compras de alimentos es la feria del agricultor.  Ahí es posible encontrar virtualmente de todo, en su estado natural y a precios ridículamente bajos. Siempre les digo que casi el 90% de lo que necesitamos para tener una alimentación saludable, lo conseguimos en ese maravilloso mercado de colores.  El resto de lo que queramos comprar serían como ‘gustos adicionales’, si se requiere un término para describir los productos procesados que se pueden incluir en la alimentación.

Así que bueno, le comparto una lista que considero base, es decir, alimentos que no deberían faltar, algo así como una “columna vertebral” de nuestra alimentación semanal.  A partir de ahí, se puede construir el resto. Habiendo hecho suficiente énfasis que se trata solamente de una guía de los alimentos que deben estar en la lista de compras, se las comparto a continuación:

Como ve, estoy incluyendo alimentos de todos los grupos, y además de los que concentran mayor nutrición.  Cómo combinarlos y con qué nivel de complejidad gastronómica va a ser a gusto de cada quien. Necesitaríamos un taller de cocina para los detalles.  En la sección de recetas acabo de publicar una de escabeche como un ejemplo para tener ideas de preparaciones, y también le ofrezco un recetario gratuito que puede descargar en este enlace.

Alimentarse saludablemente es sencillo con la organización adecuada.  Si tenemos tendencia a la estructura, pues un menú semanal sería el siguiente paso para definir el qué (comer), el cómo (lo voy a preparar) y el cuándo (tiempo de comida).  Si somos más románticos y procedemos según “lo que siento ganas de comer” – como es mi caso – pues ya tendremos disponibles los alimentos necesarios para proceder con las preparaciones que mejor sí.

 

Foto: Freepik

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