Llevo ya 3 semestres dando el curso “Tópicos avanzados en nutrición humana con énfasis en vegetarianismo y nutrición” en la Escuela de Nutrición de la Universidad de Costa Rica.  Ha sido toda una experiencia, empezando porque no es exclusivo para estudiantes de nutrición, sino que está dirigido a estudiantes de todas las carreras de la U.

Diseñar este curso ha sido todo un reto: debe incluir conceptos básicos de la nutrición humana, mientras presenta – el controversial tema – de la nutrición sin productos de origen animal.  

Para encender la controversia, el primer trabajo que asigno es un ensayo, para el cual recomiendo ver el documental What The Health, con el objetivo de desarrollar pensamiento crítico, y como una primera ventana para empezar a ver la nutrición desde otra(s) perspectiva(s).  Es uno de los trabajos que más disfruto leer, porque incluye opiniones desde todas las áreas de formación, lo cual considero algo sumamente enriquecedor.  

En fin, todo esto es para dar el contexto de este post, donde lo que quiero compartir es precisamente uno de esos ensayos de este semestre, que fue escrito (casualmente) por una estudiante de nutrición.  Es una reflexión que considero realmente valiosa, no sólo porque hace una mirada objetiva del tema, sino por venir de una futura colega.

**Para publicar este contenido conté con la autorización de la estudiante**

 


Esta reflexión la realiza una persona que siempre ha considerado la importancia de una alimentación adecuada, saludable y balanceada en el mantenimiento de un estilo de vida saludable y como la clave para la prevención de la obesidad y enfermedades crónicas asociadas a una mala alimentación. Esta reflexión, la escribe una persona no vegetariana; una persona sorprendida de conocer datos tan reveladores sobre el impacto que los patrones, desmedidos, de consumo de carne y sus derivados, tienen no solamente sobre la salud-enfermedad de las personas, sino sobre el medio ambiente. He de reconocer que el vegetarianismo como estilo de vida, parece ser una respuesta razonable frente a los impactos negativos generados por el consumo extensivo de carne y sus derivados.

El punto crítico en el que se encuentra el medio ambiente no es un secreto para nadie, pero pocas veces las personas podríamos reflexionar que la insostenibilidad a la que estamos dirigiendo a nuestro ecosistema, se encuentra íntimamente relacionada a los patrones de consumo de carne por parte de un creciente porcentaje de personas alrededor del mundo. La contaminación de la tierra que habitamos y el aire que respiramos, responde en gran medida a la enorme extensión de la agroindustria; una industria que responde a una demanda también extensa.

Lo que socialmente es ignorado, por una gran mayoría, es que la factura ambiental que estamos pagando para sostener una alimentación predominantemente a base de productos de origen animal, es muy grande. Es impresionante escuchar y leer respecto a las grandes extensiones de terreno que se dedican exclusivamente a la alimentación de los animales y no de las personas. Es impresionante también, conocer las realidades en las que son criados los miles de animales; condiciones insalubres; condiciones capaces de amenazar directamente la vida humana por medio de la creación de brotes epidémicos; es decir, es real; es algo que conocemos o incluso, hemos vivido, pero que de repente no le damos la importancia que merece.

Ignoramos también, el impacto ambiental adicional generado por estas enormes industrias de agricultura animal en cuanto a las toneladas de desperdicios generadas; la muerte y descomposición son cosa de todos los días; así como es cosa de todos los días que estos desperdicios sean lanzados a ríos y fuentes de agua, dañando no solamente la vida de otras especies, sino exponiendo también la salud humana. Probablemente el ignorar esto se deba a que no tenemos como vecino una de estas grandes industrias; pero a quienes tristemente les ha tocado vivir en estas zonas, son fiel testimonio de lo deplorable, repudiable e irresponsable para con el medio ambiente y la vida humana, que resultan estas formas de producción.

Nunca antes había reflexionado respecto a la procedencia de lo que consumo diariamente, es fuerte darse cuenta de las realidades que se esconden detrás de la industria de los animales; creo que podría referirme a esta como un “mundo oscuro de producción”; un mundo muy bien maquillado y publicitado; y es que considero que justamente esto último es lo que nos condiciona como seres humanos sociales y culturales que somos. La evolución de la vida humana trasciende a todas las áreas de la vida, incluidas la alimentación y es claro que desde hace casi un siglo nos han enseñado que el consumo de carnes y derivados de origen animal son claves para el mantenimiento de una buena salud; sin obviar el fuerte bombardeo publicitario que lidera estas ideologías.

Es decir, existe un componente cultural y social fuertemente vinculado a estos patrones de consumo, los cuales han ido evolucionando con el pasar de las décadas; cada vez más, los seres humanos nos hemos distanciado de la realidad que se vive para la producción de los derivados de origen animal que consumimos. Ahora en los supermercados es posible conseguir gran variedad de productos altamente procesados y muy lindamente empacados, que nos alejan de las condiciones de crueldad e insalubridad que se esconden detrás de ese lindo empaque.

Por otra parte, como si el enterarse del fuerte impacto ambiental que posee la agricultura animal no fuese poco; es impactante también escuchar y leer la postura de diversos profesionales en nutrición y medicina respecto a la interrelación entre el consumo de carnes y sus derivados y el padecimiento de múltiples enfermedades, entre ellas el cáncer, la hipertensión, la diabetes. Es como si todo lo que hubiese escuchado toda mi vida fuese una mentira: el azúcar no es la causa de la diabetes, la leche no nos hace más fuertes y la carne no es indispensable para contar con la proteína que nutricionalmente requerimos. Son cuestiones que han sido ampliamente investigadas pero que la población general desconoce.

Como futura profesional en nutrición me encuentro en una encrucijada; debo ser sincera al reconocer que personalmente no considero que el estilo de vida implicado en una nutrición vegetariana o basada 100% en plantas, sea algo que esté dispuesta a hacer; sin embargo reconozco que debo considerar realizar variaciones en mi alimentación en el entendido de todas las repercusiones que puedo estarle sumando negativamente a mi cuerpo; así como el impacto ambiental que estoy generando; la reflexión que me queda pendiente es compleja.

Asimismo, profesionalmente, me considero en la responsabilidad de investigar más al respecto y eventualmente, educar a la población en cuanto a la importancia de desplazar poco a poco el consumo de carnes y sus derivados, en función tanto de la insostenibilidad ambiental que esto significa, como de las implicaciones sobre la salud-enfermedad que posee.

 

Jeniffer Hernández Guzmán

Estudiante carrera Licenciatura en Nutrición Humana

Universidad de Costa Rica

 

Foto: Freepik

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